El Conjunto Arqueológico de Itálica volvió a convertirse en escenario de recogimiento con la celebración del XXXV Vía Crucis del Aljarafe, una cita ya consolidada en el calendario cofrade de la comarca. La edición de este 2026 contó con la presencia del arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses, y estuvo organizada por la Hermandad del Rosario de Santiponce con la colaboración y patrocinio de la Consejería de Turismo, Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía.

El acto, celebrado el 21 de febrero, estuvo presidido por la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno y reunió a 14 hermandades tanto de la Archidiócesis de Sevilla como de otras diócesis. Como es tradición, cada corporación participó con su Cruz de Guía y faroles, representando cada una de las catorce estaciones del Vía Crucis en un cortejo que abrió la Hermandad Sacramental de Ntro. Padre Jesús Nazareno de Santiponce, seguida de cofradías del Aljarafe, la capital sevillana y también de localidades como Cádiz o Jerez de la Frontera.

Previamente, se celebró la Eucaristía en la Parroquia de San Isidoro del Campo y San Geroncio de Itálica, presidida por el párroco Fernando Carranco y acompañada por la Agrupación Coral Nuestra Señora del Rosario Coronada. Ya en el recinto arqueológico, la Capilla Musical “Ntra. Sra. del Rosario” puso la nota sonora al cortejo, interpretando la pieza compuesta para el “Vía Crucis del Aljarafe”. En el Anfiteatro Romano se escuchó también a la Coral Polifónica de la Hermandad Sacramental y de la Vera Cruz de Valencina de la Concepción, mientras que los cantos gregorianos de los monjes del Monasterio de Silos, reproducidos a través de un hilo musical, envolvieron el conjunto en un ambiente de oración y solemnidad, reforzado por una cuidada iluminación artística.

La imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, obra de mediados del siglo XVII atribuida por algunos estudiosos a José de Arce, procesionó en andas portando la cruz, iluminada por cuatro faroles y con un exorno floral de claveles color cardenal. Lució la conocida como “túnica del pueblo”, de terciopelo morado bordado en oro en el taller de Antonio Roldán Nieto, sufragada por hermanos y devotos con motivo de la entrega de la Llave de Oro de la Villa en 2024, en una estampa que volvió a unir fe, patrimonio y tradición en el corazón de Itálica.