Un operario comprobando el estado del cultivo de arroz en la provincia
Un operario comprobando el estado del cultivo de arroz en la provincia

La compañía Brandt Europe ha desarrollado una tecnología que disminuye el impacto negativo de la salinidad sobre el cultivo del arroz, un problema que afecta al sector arrocero sevillano y que, según ha indicado la empresa, «se agrava en campañas con restricciones severas y de escasa disponibilidad de agua, en las que los efectos tóxicos producidos por el riego de agua salinizada son más acuciantes».

Así lo ha señalado la compañía en una nota de prensa en la que ha afirmado que la campaña actual «se prevé que esté afectada por esta problemática, con una dotación tan baja que no se podrá sembrar si quiera la mitad de las 36.000 hectáreas que se cultivan en la Marisma».

En la zona arrocera andaluza, la concentración media de agua salina suele rondar los 1,8 gramos por litro en los años de moderadas restricciones de agua de riego.

Por otro lado, en años de graves restricciones, la salinidad puede alcanzar valores de 2,5 gramos por litro o incluso más, «lo que acarrea unas pérdidas muy significativas de rendimiento en grano».

El director técnico de Brandt, Miguel Ángel Fernández, ha asegurado que, ante estos hechos, «no solo puede sembrarse menos, sino que la productividad también se ve mermada notablemente, por la correlación entre la salinidad del suelo y del agua de riego y la disminución del rendimiento productivo de los arrozales».

Fernández ha señalado que «los efectos de los continuos riegos con agua de elevada salinidad en el arroz generan una mayor dificultad para absorber el agua de riego, lo que significa una disminución de la cantidad de agua disponible –estrés hídrico– que produce un efecto similar al que causa un suelo cuando se está secando y una mayor dificultad en la absorción de algunos nutrientes, motivado básicamente por el cambio del pH del suelo y que se manifiesta especialmente para algunos iones como zinc y fósforo».

El director técnico ha añadido que «el estrés hídrico al que se ve sometida la planta de arroz produce cambios en los procesos fisiológicos y reproductivos de la misma, como la pérdida de turgencia que afecta a la elongación del tallo, la expansión foliar, y la reducción en la tasa de crecimiento».

El hallazgo de la compañía

La innovación desarrollada por Brandt, «combate el efecto nocivo de la salinidad a través del aumento de los niveles de prolina, un aminoácido que se encuentra en pequeñas cantidades en las plantas, cuando éstas crecen en condiciones óptimas y que las protege de la deshidratación», ha apuntado Fernández.

El director técnico ha señalado que «la planta en condiciones de estrés, y como respuesta al mismo, aumenta el contenido de prolina, pero el problema surge cuando la prolina se degrada y como consecuencia la planta reduce su capacidad de respuesta».

La solución propuesta por la empresa se llama ‘Brandt InVigo’ y «evita la degradación de la prolina y la mantiene en niveles altos protegiendo las membranas y las proteínas de la deshidratación», ha remarcado.

Pruebas para la verificación

Para probar esta tecnología y cuantificar el rendimiento en grano de dos parcelas de arroz que se veían afectadas por un riego con elevado contendido en salinidad, la empresa desarrolló la pasada campaña un ensayo en la margen derecha del río Guadalquivir, en la zona de Isla Mayor, en dos parcelas situadas en Cantaritas, «zona muy afectada que, debido a la poca pluviometría del año y la escasez de agua, estaba siendo muy afectada por la salinidad».

La variedad escogida fue puntal, de grano largo, y las dos parcelas se sembraron en el mes de junio y fueron abonadas de manera idéntica. La campaña comenzó con unas puntas de salinidad elevadas, llegando a entre dos y dos y medio gramos por litro que luego se suavizaron y mantuvieron en niveles entre el uno y medio y dos gramos por litro durante toda la campaña.

Los tratamientos de ‘Brandt InVigo’ se realizaron en las épocas en las que la salinidad puede provocar un mayor perjuicio en la planta, debido a su fitotoxicidad.

En concreto, se realizaron dos tratamientos, uno en los primeros momentos de la fase vegetativa, cuando la planta tiene aproximadamente unos 18 días, y un segundo tratamiento en estado de zurrón avanzado.

«Del ensayo resultó un incremento de la productividad en grano de más de un 15 por ciento, de 6.080 a 7.012 kilogramos, gracias al mantenimiento de los niveles de prolina adecuados en el interior de la planta y la consiguiente disminución de la fitoxicidad en un contexto de elevada salinidad», ha concluido Fernández.

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